El Reino Unido inició su camino fuera de la Unión Europea con la llegada del año nuevo. El 31 de enero expiró el periodo de transición post-Brexit que lo mantenía atado al bloque.

La ruptura no afectará la alineación política actual entre Londres y Bruselas y el trasiego de mercancías a ambos lados del canal de La Mancha seguirá estando libre de aranceles y tarifas gracias al acuerdo comercial alcanzado en vísperas de Navidad.

Sin embargo, los exportadores británicos deberán rellenar declaraciones de aduana y otros documentos, y las mercancías serán sometidas a controles adicionales en la frontera. Esto podría provocar demoras en los puertos, y se desconoce el impacto que tendrá sobre los servicios financieros una vez que se impida a las firmas europeas trabajar en la city londinense como hasta ahora.

Por otro lado, el Brexit traerá muchos cambios para los británicos a la hora de viajar a la UE. Con el divorcio, se acaba el libre movimiento de personas, uno de los logros más ponderados por la llamada zona Schengen. Y además de tener que presentar un pasaporte con al menos seis meses de validez, los ciudadanos del Reino Unido solo podrán permanecer un máximo de 90 días sin visado en los países europeos.

La ruptura también pone fin al programa de intercambio de estudiantes y al reconocimiento automático de los títulos de médicos, enfermeras y otras profesiones, además de cortar el acceso automático que tenía el Reino Unido a las bases de datos de las agencias policiales de la UE, lo que podría suponer un riesgo para la seguridad nacional británica.

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