Pablo Campos, fundador y CEO de Tango Smart Solutions, consultor en electromovilidad, habla de cómo avanza la movilidad eléctrica, sobre todo en la última milla, y los beneficios de la misma, no solo en temas medioambientales, sino también que los motores son más simples y con mucho menos mantenimiento que los tradicionales de combustibles fósiles. Detalla cómo debería ser un plan de electrificación de las flotas logísticas.

¿En qué estado se encuentra hoy la movilidad eléctrica, la infraestructura de carga, el almacenamiento de energía y todo lo que rodea a este ecosistema en Colombia?.

La movilidad eléctrica viene creciendo de manera exponencial. Año tras año se incrementa su adopción. Hace algunos años, cuando uno iba a un salón del automóvil, había dos o tres marcas con algún modelo eléctrico y era una novedad. Hoy prácticamente no existe una marca que no tenga vehículos eléctricos o híbridos enchufables.

A nivel global, la región sigue los pasos de China, Europa y Estados Unidos en materia de electrificación. Las empresas tampoco son ajenas a los beneficios que ofrece esta tecnología dentro de sus objetivos de sostenibilidad y de búsqueda de eficiencia. Por eso existe un gran interés por avanzar en la electrificación de las flotas.

En Latinoamérica y Estados Unidos, además del vehículo, hay que considerar toda la infraestructura de carga, porque esto es un ecosistema completo. Comprar los vehículos representa apenas un 30% del proyecto. El resto tiene que ver con la energía, la operación, las necesidades particulares de cada empresa, los recorridos, los centros de distribución, la potencia disponible y los equipos de carga necesarios.

Una operación de flota no es lo mismo que cargar un auto en una casa: se requieren cargadores robustos, confiables y preparados para garantizar la continuidad operativa.

En Estados Unidos y Latinoamérica tenemos distancias muy grandes entre ciudades. Por eso la movilidad eléctrica comenzó desarrollándose principalmente en las zonas urbanas, donde hoy tiene mayor presencia.

Las empresas de distribución de última milla lideran este proceso. Actualmente la oferta es enorme: hay pickups, vans, camiones de reparto y distintos tipos de vehículos eléctricos para casi todas las necesidades.

¿Cómo es el proceso para las compañías que quieren electrificar su flota?

Para las compañías que están pensando en electrificar su flota, yo divido el proceso en tres etapas. La primera, y la más importante, es realizar un diagnóstico. Hay que saber cómo está preparada la empresa desde el punto de vista eléctrico. Comprar un vehículo es sencillo. Muchas empresas adquieren una unidad para mostrar su compromiso con la sustentabilidad, la prueban y la exhiben. El desafío aparece cuando quieren escalar el proyecto y pasar de un vehículo a 20 o 50 unidades.

En ese momento es fundamental entender cuál es la situación actual, cuáles son las necesidades reales y cómo incorporar la infraestructura de carga a la operación habitual.

Un camión realiza su recorrido, vuelve al centro de distribución, descarga, pasa por lavado, mantenimiento y también debe pasar por el punto de recarga para estar listo al día siguiente. Ese es el cambio que hay que incorporar dentro del layout operativo.

Si los recorridos superan la autonomía del vehículo, también será necesario desarrollar puntos intermedios de carga. Hoy en Latinoamérica todavía existe un déficit importante de infraestructura.

La venta de vehículos eléctricos está creciendo mucho más rápido que la instalación de cargadores…

Esto ocurre porque los proyectos de infraestructura eléctrica implican obras civiles, instalaciones eléctricas y disponibilidad de potencia. Son proyectos que llevan tiempo y requieren inversiones importantes.

La movilidad eléctrica permite que una empresa tenga su propia electrolinera dentro de su predio, aunque no siempre resulta sencillo o conveniente. Muchas compañías prefieren concentrarse en su negocio principal. Si una empresa fabrica chocolate o cualquier otro producto, probablemente no quiera administrar también una infraestructura eléctrica. Por eso el primer paso siempre debe ser un buen diagnóstico.

¿Cuál es la segunda etapa?

La segunda etapa consiste en definir la estrategia de operación. Electrificar no significa únicamente comprar vehículos o instalar cargadores. También hay que diseñar correctamente la infraestructura pensando en el crecimiento futuro de la flota y en la continuidad operativa.

Todo el sistema debe estar preparado para funcionar las 24 horas, los siete días de la semana. Los cargadores rápidos trabajan en corriente continua y son equipos de gran porte. Por ejemplo, los utilizados por TransMilenio, en Bogotá, tienen el tamaño aproximado de una heladera de dos puertas.

Dentro del equipo se encuentra toda la electrónica, procesadores, sistemas de comunicación y plataformas digitales que permiten monitorear en tiempo real el estado de los cargadores, el historial de cargas e incluso administrar cobros, tal como ocurre en una estación pública.

También requiere una planificación muy estricta. Si un día alguien se olvida de conectar un utilitario, al día siguiente no puede salir a repartir.

Exactamente. Electrificar también implica cambios culturales, procedimientos y nuevas responsabilidades dentro de la empresa.

Así como hoy existe personal encargado de administrar el abastecimiento de combustible, la facturación o los convenios con estaciones de servicio, también debe haber personas responsables de gestionar la infraestructura eléctrica.

La electrificación pasa a formar parte del ecosistema de la empresa y necesita seguimiento permanente. No puede dejarse librada al azar. Incluso le ocurrió a Franco Colapinto: en una carrera se descargó la batería del sistema híbrido y perdió rendimiento.

¿Cuánto tiempo necesita un vehículo para cargarse? Imagino que, igual que ocurre en los centros de distribución, trabaja durante el día y se carga por la noche.

Exactamente. Generalmente los vehículos se cargan durante el tiempo en que permanecen estacionados. Esa es la denominada “ventana de carga”. so no significa instalar un cargador por cada vehículo. Para que el proyecto sea económicamente eficiente hay que diseñar correctamente la infraestructura.

Durante esa ventana de tiempo se distribuyen tanto la potencia disponible como los turnos de carga para que toda la flota esté lista al día siguiente. Pensemos qué ocurriría si un día TransMilenio no pudiera cargar sus buses. Simplemente dejaría de funcionar.

Por eso la planificación resulta fundamental. Está comprobado que una mala estrategia de escalamiento puede generar hasta un 40% de sobrecostos.

La primera etapa, el diagnóstico, y luego la hoja de ruta para la electrificación son claves. La tercera etapa consiste en realizar pilotos y ejecutar finalmente el proyecto completo con toda la infraestructura necesaria.

Durante muchos años parecía que la electricidad iba a ser el gran camino hacia las energías limpias. Después apareció el hidrógeno, también se habla de energía nuclear y otras alternativas. ¿Cómo ve esa competencia entre tecnologías?

Existen muchos mitos alrededor de la movilidad eléctrica y también del hidrógeno. Yo creo que el hidrógeno tiene futuro, pero hoy presenta diferencias importantes. Desde el punto de vista económico, muchos proyectos todavía no logran cerrar. El horizonte está claro, pero todavía falta recorrer el camino.

La tendencia mundial hoy apunta claramente hacia la electrificación. Las principales automotrices están apostando por vehículos eléctricos. También evolucionó muchísimo la tecnología de baterías.

En Argentina, por ejemplo, las primeras Renault Kangoo eléctricas apenas alcanzaban unos 70 kilómetros de autonomía. Hoy existen vehículos con autonomías reales de 400 o 500 kilómetros. Y los híbridos enchufables ya superan fácilmente los 1.000 kilómetros. Para un usuario promedio, eso significa cargar el vehículo apenas una vez al mes o directamente hacerlo en su propia casa. La autonomía dejó de ser un problema para la gran mayoría de los usos urbanos.

Respecto del hidrógeno, hoy existen muy pocas estaciones de carga en Latinoamérica. 

Toyota, por ejemplo, enfrenta un juicio multimillonario en Estados Unidos por el modelo Mirai, luego de que Shell cerrara estaciones de hidrógeno y los usuarios quedaran sin posibilidad de abastecer sus vehículos.

En Alemania ocurrió algo similar con una flota de buses de hidrógeno. La infraestructura resultó extremadamente costosa, aparecieron fallas técnicas y finalmente optaron por dejar los vehículos fuera de servicio y volver a utilizar unidades diésel.

Las empresas tampoco electrifican toda su flota de un día para otro. Generalmente conviven distintas tecnologías.

Brasil es un gran ejemplo con el etanol. Argentina lo fue con el GNC. Todos estos procesos requieren tiempo. La diferencia es que hoy las metas de sostenibilidad impulsan fuertemente la movilidad eléctrica.

Otro aspecto importante es la eficiencia…

El hidrógeno tiene una eficiencia cercana al 30%, similar al diésel. En cambio, un motor eléctrico alcanza aproximadamente un 90% de eficiencia.

Además, la experiencia de conducción es completamente distinta. La aceleración es inmediata gracias al torque del motor eléctrico. Cuando el vehículo desacelera recupera energía mediante el frenado regenerativo y, cuando está detenido, prácticamente no consume energía.

Los costos de mantenimiento también son mucho menores. Un motor eléctrico tiene muchas menos piezas móviles.

En Colombia desarrollamos hace algunos años un proyecto de taxis eléctricos junto con la Secretaría de Movilidad y la Alcaldía de Bogotá. Algunas de esas unidades ya superaron el millón de kilómetros recorridos y todavía continúan en funcionamiento. Y estamos hablando de baterías de una generación anterior. Nunca fue necesario realizar una reparación integral del motor. El ahorro en mantenimiento es enorme. Además, el costo de la energía representa aproximadamente una cuarta parte del costo del combustible tradicional, dependiendo del país y de las tarifas eléctricas.

¿Cuál es su recomendación antes de comenzar cualquier proyecto de electrificación

Hoy en Colombia uno de cada tres vehículos que se venden ya es enchufable, ya sea eléctrico o híbrido.

Antes de comenzar cualquier proyecto de electrificación, mi recomendación es realizar un diagnóstico y elaborar una hoja de ruta. Eso evita sobrecostos y permite planificar correctamente el crecimiento. Además, no solo hay eficiencia en la infraestructura.

Las plataformas de gestión, la telemetría y el monitoreo de las recargas permiten mejorar la operación hasta en un 30%, porque facilitan la toma de decisiones. Ese es otro paso fundamental dentro de cualquier proyecto.

Primero hay que verificar que el cambio sea técnica y culturalmente viable para la empresa y luego avanzar con una solución integral.

Vea la entrevista completa a Pablo Campos, fundador y CEO de Tango Smart Solutions, en este enlace