Delfina Lucero Salgado postula dónde está hoy la mayor oportunidad para reducir costos logísticos. La cofundadora de Vos Logistic habla sobre la Eficiencia Táctica: Reglas de Negocio y Optimización de Capacidad, dentro del búsqueda de la eficiencia en la operación logística. Y como la optimización mejora la rentabilidad y hace crecer a las empresas.
-¿Con qué nos sorprende hoy? Siempre nos trae temas de vanguardia.
–Hoy me gustaría hablar de la optimización táctica, es decir, de dónde realmente debemos buscar la eficiencia en la operación logística. Venimos manteniendo reuniones con muchos clientes y hay un denominador común: nos comentan que hoy no pueden medir con precisión la eficiencia y la eficacia de todo el proceso logístico. Como consecuencia, pierden oportunidades de mejora.
Sabemos que gran parte de las organizaciones, incluso grandes corporaciones, están buscando este tipo de soluciones. La mayoría está enfocada en la planificación y la distribución. Algunos ya cuentan con herramientas y otros están buscándolas. El objetivo es mejorar el control de la distribución, optimizar el consumo de combustible, reducir el costo de los fletes y tener un mayor control del proceso logístico.
Pero existe una enorme oportunidad de mejora que comienza mucho antes: en la optimización del volumen, del metro cúbico utilizado. La optimización táctica no empieza cuando el camión sale a distribuir, sino desde el momento en que el producto se transforma en un pedido, incluso antes de que el operario lo prepare.
Por eso me gusta plantear una pregunta muy simple: ¿sabemos exactamente cuál es el porcentaje de ocupación que tenemos en cada etapa del proceso?
¿Conocemos el porcentaje de ocupación de la caja donde armamos el pedido? ¿Del contenedor? ¿Del camión? ¿Sabemos exactamente cuánto espacio estamos desperdiciando? ¿Y ese desperdicio a cuántos kilómetros adicionales equivale? ¿Y cuánto dinero representa?
Si la respuesta es “sí”, seguramente ya estamos aplicando acciones correctivas. Si la respuesta es “no”, existe una gran oportunidad de optimización.
Por ejemplo, si un bulto se prepara utilizando solo el 60% de su capacidad, estamos perdiendo entre un 30% y un 40% de espacio útil. Entonces debemos preguntarnos qué podemos hacer para optimizarlo. Tal vez haya que cambiar el tamaño de la caja. Tal vez haya que modificar la forma de preparar los pedidos o la ubicación de los productos. Todo eso repercute después en el aprovechamiento de los contenedores y de los camiones.
Además, es importante aplicar las reglas de negocio. Cuando hablamos de reglas de negocio nos referimos a todas las restricciones que impone el cliente: cómo debe prepararse el pedido, cómo deben apilarse determinados productos, qué mercadería puede viajar junta, qué vehículos pueden transportar determinados productos o cuáles son las restricciones horarias.
Todo ese conocimiento suele estar concentrado en quien planifica las cargas. Llevarlo al resto del equipo operativo muchas veces demanda tiempo. Hay clientes que nos comentan que el armado de determinados pedidos, especialmente en empresas de retail con gran variedad de productos y mercadería frágil, puede llevar más de 72 horas.
Si todas esas reglas de negocio están parametrizadas dentro de una herramienta tecnológica, pueden simularse antes de ejecutar la operación. Una vez definidas, la ejecución se vuelve mucho más rápida. Una tarea que podía demandar más de tres días puede reducirse a menos de 24 horas.
Con este tipo de soluciones no solo ahorramos kilómetros -que representan costos-, sino también tiempo operativo, reducimos errores, evitamos productos dañados y mejoramos la satisfacción del cliente.
Es decir que la optimización empieza desde el inicio de la cadena logística. Hasta ahora la eficiencia parecía estar enfocada en los grandes procesos y no tanto en estos detalles. ¿Hoy hay que hilar mucho más fino?
Exactamente. La tecnología tiene que acompañar a las empresas, y no al revés. Si una organización ya cuenta con un WMS, donde administra todo su inventario, debe darle continuidad tecnológica al resto del proceso. Si no lo hace, pierde trazabilidad y también oportunidades de mejora.
Buscar tecnología en cada una de las etapas permite, además, justificar la inversión realizada, porque el beneficio termina impactando en toda la operación.
Desde su experiencia, ¿cuántas empresas realmente le prestan atención al cubicaje? La problemática del regreso vacío existe prácticamente desde que existe el transporte. ¿Hoy ves que hay un nicho importante de mejora?
Sí. Lo que sucede es que muchas empresas identifican la oportunidad, pero no cuentan con la herramienta adecuada para aprovecharla. Nos manifiestan permanentemente que necesitan medir estos indicadores, pero no saben exactamente cuál es el potencial de mejora que pueden obtener. En la mayoría de los casos tienen herramientas fragmentadas.
Y ahí está el punto clave: la cubicación debe estar integrada con la planificación. Si solamente optimizo el armado del pedido, pero después no optimizo la carga del camión ni aplico las reglas de negocio durante la planificación del transporte, sigo perdiendo oportunidades de eficiencia.
Lo importante es contar con una herramienta integral que permita medir la eficiencia y también simular escenarios. Nosotros creemos que la tecnología debe permitirle al cliente “jugar” sin asumir riesgos. Es decir, probar alternativas antes de tomar decisiones.
Por ejemplo: si utilizo una caja determinada obtengo una ocupación del 60%; si cambio el tamaño de la caja puedo alcanzar el 90%. ¿Cuántos camiones menos necesitaría? ¿Cómo impacta eso en la distribución?
A partir de esa simulación el cliente toma decisiones con datos objetivos.
Además del cubicaje, ¿ve otros nichos de mejora dentro de las empresas logísticas? Muchas veces pareciera que todo está pensado para que el pedido salga, sin importar demasiado cómo sale.
Sí, hay muchísimas oportunidades de mejora a lo largo de toda la cadena logística. La clave es pensar el proceso como un todo. Cuando toda la operación está integrada con tecnología, también es posible contar con tableros de control que permitan identificar rápidamente dónde aparecen los desvíos: si aumentan los reclamos, si crecen los productos dañados, si hay demoras en la preparación de pedidos o cualquier otro indicador.
A partir de esa información es posible identificar dónde debemos mejorar y dónde conviene seguir incorporando tecnología. Creo que el desafío para las empresas -y también para nosotros como proveedores de tecnología- es dejar de pensar los procesos de manera fragmentada y comenzar a verlos de forma integral.
Hace algunos años hablábamos de la importancia del trabajo en equipo entre las distintas áreas. Hoy también debemos hablar de trabajar la tecnología con un mismo objetivo.
Para cerrar, si fuera una “doctora de la logística”, ¿qué síntomas debería detectar una empresa para darse cuenta de que está gestionando mal el cubicaje?
El primer síntoma aparece cuando los costos dejan de cerrar y la rentabilidad empieza a caer. También cuando los procesos operativos consumen demasiado tiempo, cuando cumplir con los requerimientos de los clientes exige incorporar cada vez más recursos y, aun así, la rentabilidad no mejora. Ese es el momento para empezar a pensar seriamente en la optimización.
Y aun cuando una empresa considere que su rentabilidad es buena, siempre existe margen para mejorarla. Optimizar procesos mediante tecnología incrementa la eficiencia, mejora la rentabilidad y permite crecer.
Vea la entrevista completa a Delfina Lucero Salgado, cofundadora de Vos Logistic, en este enlace.