Jerónimo Reyes Hansz, presidente del Instituto Nacional de Logística de Uruguay (Inalog), explica la conformación y los objetivos de la entidad. Además, analiza cómo Uruguay, con un 60% de carga en tránsito y transbordo, se posiciona como hub de transferencia de la región. También aborda la planificación del modo ferroviario, que había sido abandonada y que, gracias a los proyectos de la industria papelera, fue reactivada.

¿Cómo ven desde INALOG el estado actual de la logística en Uruguay?

El año pasado fue designado presidente del Instituto Nacional de Logística (Inalog). Es un instituto creado en 2015 en Uruguay que articula al sector público y al privado en una institución financiada por el Estado, pero gestionada bajo el derecho privado.

Eso le da una característica muy particular en términos de gobernanza. El Consejo Directivo está integrado por 11 cámaras privadas que representan a exportadores, importadores, transportistas terrestres y aéreos, la Administración Nacional de Puertos, operadores portuarios, navieras, operadores logísticos y zonas francas. También participan todos los organismos públicos vinculados al sector logístico nacional: el Ministerio de Economía y Finanzas, el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Aduana, la Administración Nacional de Puertos y el Ministerio de Transporte. Yo represento al Ministerio de Transporte y, en el marco de la ley, soy el actual presidente.

¿Qué implica esto? 

Esto implica que contamos con una mesa en la que periódicamente se reúnen el sector público y el privado para planificar parte de la política vinculada con el desarrollo de la logística nacional, especialmente con una mirada sobre Uruguay como centro de distribución regional.

Esta es una mesa muy completa, que tiene muchas virtudes y, por supuesto, algunas dificultades, porque los intereses comerciales muchas veces son contrapuestos. Ahí se sientan, por ejemplo, quienes discuten los costos portuarios y los exportadores. Sin embargo, planificamos políticas en conjunto.

Nuestro objetivo es generar un terreno común, un espacio donde las diferencias particulares queden de lado y prevalezca una visión integral del sector como promotor del desarrollo nacional.

Uruguay, al igual que Argentina, tiene la “trampa” de los recursos naturales. Tenemos ventajas comparativas muy importantes en ese aspecto, lo que nos lleva a ser exportadores de productos de origen natural. Por eso entendimos que la logística debía convertirse en otra de las palancas para el desarrollo del país.

Eso es algo que Uruguay comprendió hace muchos años, tanto desde la política pública como desde el sector privado. Y remarco el tiempo porque es un valor muy importante: durante estos 15 años pasaron gobiernos de distintos signos políticos y todos mantuvieron la institucionalidad y las políticas de desarrollo logístico. No hubo retrocesos; únicamente mejoras.

Uruguay fue precursor y vanguardista en esto. La prueba es que las zonas francas cumplieron 100 años.

Exactamente. Somos un país pequeño y eso también implica restricciones. Nuestras decisiones tienen que ser muy precisas; no podemos dispersar recursos. Por eso la apuesta estratégica por la logística fue muy importante.

Yo hoy hablo desde la perspectiva de un gobierno de izquierda, porque integro la actual administración. Sin embargo, esta política comenzó en la década del 90, con gobiernos de otro signo político, y fue una decisión totalmente acertada.

Esa estrategia incluyó el fortalecimiento de las zonas francas, el régimen de puerto libre, aeropuerto libre y un conjunto de normas que hicieron que hoy Uruguay sea visto como una alternativa confiable para el tránsito de cargas de toda la región.

¿Cómo podría dimensionar la importancia del sector?

El 60% de la carga que se mueve por los puertos y por el Aeropuerto Internacional de Carrasco corresponde a tránsito y trasbordo. Es decir, seis de cada diez toneladas que pasan por Uruguay tienen como destino otros países de la región.

Eso significa que empresas argentinas, paraguayas, brasileñas, bolivianas y chilenas consideran que Uruguay puede ser una alternativa para trasladar sus bienes, almacenarlos y realizar operaciones logísticas antes de distribuirlos hacia sus destinos finales.

Del otro lado ocurre algo similar: muchas empresas multinacionales eligieron Uruguay para instalar sus centros regionales de distribución e, incluso, de producción.

Nosotros sabemos que nuestro destino logístico es regional. La integración es un mecanismo de desarrollo. Uruguay no puede venderse como un gran mercado, porque no lo es; debe presentarse como una plataforma logística que complementa a los países vecinos.

Tampoco pretendemos absorber toda la carga de la región. Nos vemos como un complemento diferenciado de lo que ofrecen Argentina o Brasil. Lo que decimos es: tenemos un sector logístico de primer nivel, un país confiable, seguridad jurídica, institucionalidad sólida, estabilidad macroeconómica y relaciones estables con nuestros socios. Todo eso convierte a Uruguay en una puerta de entrada cómoda para quienes quieren desarrollar negocios en Sudamérica.

Vea la entrevista completa a Jerónimo Reyes Hansz, presidente del Instituto Nacional de Logística de Uruguay (INALOG), en este enlace